Entre lo inmediato y lo inaplazable
La conjunción de pesimismo, crisis económica y escasez de recursos financieros está cuestionando, desde un punto de vista teórico y práctico, algunos de los grandes principios de nuestra sociedad. Se quiere reinventar el capitalismo, se establecen nuevos grados “aceptables” de intervencionismo estatal o se cuestionan las leyes del mercado… Es este, un ejercicio, en mi opinión, coherente, necesario y que, estoy seguro, dará frutos y ayudará a centrar el péndulo ideológico entre neoliberalismo y keynesianismo.
Pero también está aflorando una corriente/tentación más preocupante: la de establecer una agenda de prioridades medioambientales, sociales y energéticas cortoplacista. Me refiero naturalmente a tesis como “lo importante es remontar esta crisis: no es momento de pensar en la sostenibilidad del modelo”.
La sostenibilidad del modelo en sus tres vertientes principales, la económica, la social y la medioambiental, es precisamente lo que se discute y además de una necesidad, una obligación y un derecho, es una de las escasas fórmulas para remontar esta crisis.
¿Volveremos a caer en el continuismo como ya hicimos en las sucesivas crisis desde la del 73? Espero que no porque de hacerlo, estoy seguro de que la siguiente a la que nos enfrentaremos será una de dimensiones nunca vistas, con implicaciones sociales de consecuencias catastróficas y para entonces, ya sin solución. Y mucho me temo que se producirá en un plazo muy largo.
Hay quien piensa, y no me parece una idea descabellada, que la crisis actual es un aperitivo de lo que puede venir si no ponemos los medios para evitarlo. Incluso hay quien dice que se trata de un aviso unido a una pequeña prórroga al tiempo que se nos acaba. Esta idea se basa en que el modelo económico y social vigente, al ritmo de crecimiento de demanda en el que estábamos sumidos hasta hace algunos meses, era y es claramente insostenible, incluso a corto plazo.
Desde esa perspectiva, esta crisis al menos estaría obligando al mundo a revisar su modelo de crecimiento, especialmente en lo que se refiere a las estructuras de consumo, y simultáneamente reduciendo el ritmo de crecimiento de emisiones y de deterioro medioambiental. Quizás por eso sea un aviso que nos permita poner en marcha los cambios necesarios para que cuando reiniciemos la senda del crecimiento sea de una forma mas pausada, máas fundamentada en el progreso social y mas medioambientalmente responsable. Si eso se consigue, a pesar de que el ajuste habrá sido duro, podremos estar satisfechos de que ha valido la pena el esfuerzo.
Pero desgraciadamente hay una posibilidad, no remota, de que antepongamos lo inmediato a lo trascendente y de que no seamos capaces de aprovechar el tiempo adicional y la predisposición favorable al cambio que una situación como esta implica. Hay una posibilidad de que prevalezcan nuestros peores instintos y nos empeñemos en proteger nuestros privilegios históricos o que no seamos capaces de superar las diferencias ideológicas y sigamos perdiendo el tiempo de esta prórroga en discusiones doctrinarias estériles. Espero que nuestros líderes políticos sepan aprovechar la oportunidad. Pero no olvidemos que de todos nosotros depende el cambio y que, cualquiera que sea nuestra actividad vital, tenemos una contribución valiosa que hacer a ese cambio. Por eso, es ahora más importante que nunca mantenernos fieles a nuestros principios y hacer empresa, política o lo que cada uno tengamos como función en la sociedad, de forma responsable, solidaria y con perspectiva a largo plazo.
En ACCIONA hicimos nuestra apuesta por la sostenibilidad en todas y cada una de sus actuaciones y actividades hace más de cuatro años. Y no fue un cambio de la noche a la mañana. Hubo que ordenar y sistematizar el pensamiento y el día a día de una compañía que se fundó a principios del siglo pasado.
E indiscutiblemente, en los últimos 100 años ha habido momentos malos, pero la obsesión por el desarrollo y la innovación de mis predecesores siempre hicieron salir adelante a la compañía.
Y esa misma obsesión marca nuestro rumbo. Más aún en un momento de crisis como en el que vivimos, en el que tenemos que esforzarnos en buscar, más allá de las salidas de emergencia, los caminos de futuro.
Nuestra compañía basa sus expectativas de crecimiento en ser parte de la solución a algunos de los problemas y desafíos más complejos a los que se enfrenta la sociedad de nuestro tiempo: la creación de infraestructuras, el modelo energético y el acceso al agua.
Las infraestructuras, en su sentido más amplio, son la espina dorsal del progreso de una sociedad e influyen directamente en su desarrollo económico, en su vertebración y en la distribución de su riqueza. Ya sean vinculadas directamente a actividades productivas, como el transporte y el comercio; suministros básicos como energía, agua o telecomunicaciones; o bienestar social, como la educación o la sanidad, las infraestructuras son la base indiscutible en la planificación económica de los países.
La energía es el motor de la producción industrial y enseña del bienestar social, en permanente tensión por la exigencia de más capacidad y disponibilidad. Esa demanda creciente no se puede abordar sin un cambio inmediato y estructural en las fuentes de suministro, en los procesos productivos y en la conciencia social sobre nuestros propios límites naturales.
El agua es esencial para la vida y para la prosperidad económica. Suministrar agua de calidad y en cantidad suficiente es uno de los mayores retos a los que nos enfrentamos. Para los países menos desarrollados, siempre ha sido un problema acuciante. Ahora, cuando el Primer Mundo empieza a padecerlo, el agua ha entrado en la lista de prioridades.
Dar respuesta a estos tres grandes desafíos globales de toda sociedad permitirá generar crecimiento económico, progreso social y equilibrio medioambiental. Y esa es nuestra apuesta por el desarrollo sostenible.
Hoy, más que nunca, la sostenibilidad ha de ser, obligatoriamente, una aspiración para empresas y gobiernos. En mayor medida para aquellos que tengan mayor capacidad de decisión. Porque en un momento como éste, desarbolados de grandes principios y conceptos hasta ahora incuestionables, es el momento de pensar en cómo hacer el mundo de otra manera y mejor. Más sostenible.
José Manuel Entrecanales
Presidente de ACCIONA










